Ciro Artemio Constantino Álvarez, reconocimiento a la voz del declamador: José Juan Marín González

 

 

Por José Juan Marín González.

El maestro Ciro Artemio Constantino Álvarez, hombre de una sensibilidad muy particular, que gusta de la poesía y, en ese camino, se ha convertido en uno de los mejores declamadores de nuestro estado, merece un homenaje.

A lo largo de los años, ha sido común verlo promoviendo eventos culturales, siendo anfitrión de bohemias o veladas literarias, engalanando con el arte de la declamación juegos florales o fungiendo como funcionario de las áreas de cultura de la capital o del Estado de Michoacán.

Para hacer lo que él hace tan bien, no es solamente menester tener un gran dominio de los recursos y las habilidades de la declamación, sino que es necesario, antes que otra cosa, poseer una sensibilidad afinada y una cultura general fuera de toda duda, que permitan discernir entre corrientes estéticas de distinto signo y aquilatar el valor que tiene el conocimiento para cualquier persona y para la sociedad.    Todo esto, y más, tiene el maestro Ciro Artemio Constantino.

Un poeta ruso, Nekrásov, de esos que bebieron en las fuentes originarias del formalismo, y que, además, desarrolló a lo largo de toda su obra una gran emoción social y un singular compromiso hacia el otro, expresó: “Puedes no ser poeta, pero por fuerza has de ser ciudadano”.    Esta afirmación acomoda muy bien a Ciro Artemio Constantino, porque los problemas de su tiempo son en buena medida sus propios problemas, a cuyo encuadre o solución dedica parte de su sabiduría y talento personal.

Sin embargo, más acá del ser del ciudadano, hay en Constantino Álvarez una especie de “ser cultural”, literario y poético que no lo deja en paz, que lo persigue y lo acosa como un duende, para que a la menor provocación comparta la magia de la palabra y el don de la declamación con sus familiares, con sus amigos y con la comunidad cultural.

Quizás por esto, un buen día se puso a investigar la huella y a indagar el origen y la evolución de los poemas que tanto le gusta interpretar, y como resultado de ello, con muy buen gusto poético, logró integrar una de las compilaciones de poesía española más bellas y completas que se recuerden en nuestro estado, bajo el nombre de Repertorio poético.

Ese Repertorio poético, publicado en el propio taller del maestro en 1987, reúne obras de poco más de cien poetas, y en él pueden identificarse poemas clásicos, amorosos, costumbristas, épicos, elegíacos y de todo tipo, en los que se entra en comunicación con la racionalidad y la emoción de sus creadores, casi todos ellos del siglo XX.    Esa compilación, por cierto, debido a que se ha agotado en su primera edición, tal vez debería reimprimirse para que siga siendo guía y fuente de inspiración de los poetas y escritores michoacanos.

Dice ahí, en el texto de presentación que aparece al inicio de la obra: “La poesía rescata al hombre en su más pura esencia, ahí donde las fibras del sentimiento le permiten reír y llorar”.

Hoy, en el instante en que se buscan guías y modelos, para rescatar del pasmo y del marasmo a una sociedad que ha sufrido tanto como la nuestra, se tiene un ejemplo a seguir en el impresor, declamador, funcionario y maestro que ha sido Ciro Artemio Constantino.

Hoy, en el momento en que se buscan otro lenguaje y otros paradigmas para darle un giro al desarrollo de Michoacán, conviene volver la vista a la vitalidad de la cultura y a lo que la poesía tiene que decirle al michoacano del presente.

No podemos esperar milagros que trastoquen nuestra existencia o la mejoren.    Pero podemos imaginarlos o construirlos a partir del esfuerzo personal y de las búsquedas colectivas.

 
 
 

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