¿Para qué crear más leyes sino aplicamos las ya existentes?… Dr. Rogelio Díaz Ortíz

Crono comentarios.   Dr. Rogelio Díaz Ortiz
La Cultura de la Legalidad es término de moda para ciudadanos, académicos, medios de comunicación y en especial para los políticos.   A ella se refieren cada vez que se violenta la ley, aunque muchos no entiendan que significa, se le atienda y ejerza de manera insuficiente, por más que se altere el orden, consolide la impunidad y presuma la corrupción.

Se afirma que México es un “país de leyes”, aunque muchos capítulos normativos se encuentren obsoletos y descontextualizados de la realidad.    Un ejemplo claro de ello es el poco respeto, conocimiento y aplicación del contenido de la Constitución, para nadie es un secreto que algunos han hecho de la carta magna su principal nicho de discurso y en especial escenario preferido de reforma a su contenido.

Vale la pena resaltar que el documento signado en 1917 ha sufrido más de seiscientas modificaciones sin que varias de ellas se entiendan, sean útiles y hagan la diferencia en el ejercicio profesional del Derecho.

Estoy convencido que la cultura de la legalidad debe ser el resultado de un proceso más que de un decreto, la consecuencia de la sensibilización y activa participación de todos los sectores sociales en estrecha y responsable coordinación con los tres niveles de gobierno evitando su “contaminación” con siglas, colores y caudillos.

Cada cambio de Legislatura Local o Federal es escenario para que los Diputados intenten “poner su huella” al proponer iniciativas o reformas a las leyes, en ocasiones de mutuo propio y en otras para “cumplir” con las instrucciones de su partido político o del titular del ejecutivo estatal o federal.

De esta manera, en forma cíclica y permanente se “producen” leyes que solo se publican, la mayoría de las veces de forma insuficiente, convirtiéndose en bibliografía o referencia, pero no en plataforma de reconstrucción del tejido social, en “pasaporte” para la estabilidad, convivencia, cordialidad y ansiada paz.

Es increíble que para que los ciudadanos se comprometan con una norma tienen que anunciarse sanciones económicas o penas corporales, ejemplos muy claros resulta la “obligación” de colocarse el cinturón de seguridad al manejar un vehículo, no tirar basura en la calle o respetar el denominado “uno en uno”.

Esta circunstancia es “aprovechada” por malos servidores públicos para extorsionar a quienes por descuido, desconocimiento o mala práctica de vida no respetan la normatividad haciendo de la “mordida” una práctica habitual, impune y hasta popular.

De esta manera, observamos en forma cotidiana la ausencia de respeto a los límites de velocidad vehicular, el uso de casco, si se usa moto o bicicleta, cruzar las calles solo en las esquinas, estacionarse en doble fila, en espacios para discapacitados o en lugares reservados para los bomberos.

La aplicación de las leyes debe partir del respeto a los derechos humanos, sin importar que piensan diferente, militen en algún partido político, formen parte de alguna organización o sindicato.

Se debe hacer pesando siempre en privilegiar el bien colectivo, castigando con imparcialidad y justicia, sin titubeos ni excesos, sin que el delito se relacione con militancia alguna, ideología religiosa, preferencia sexual, grado académico u origen social.

Es increíble que todos sepamos que es un delito la obstrucción de las vías de comunicación y que se sigan acumulando días en Michoacán con las vías del ferrocarril bloqueadas por integrantes de la CNTE. Que exista un bando municipal que prohíbe el comercio informal en el centro histórico de Morelia y que sin embargo hoy en día luzca como un tianguis, con aromas propios de baños públicos, basura por doquier y la instalación de incontables tiendas de campaña que asemejan un campamento de verano sin que las autoridades municipales se atrevan a poner orden y aplicar la ley. ¿Para qué crear más leyes sino aplicamos las ya existentes? ¿Es la impunidad el cáncer de la legalidad? ¿Quién por encima de la ley? ¡Hoy reclamamos respuestas y acciones!

 
 
 

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